lunes, 6 de mayo de 2013

Shade and Darkness - The Evening Before the Deluge, J.W.M. Turner


Moby Dick y el espacio


En este breve texto intentaremos analizar las descripciones del espacio que se sitúan en las primeras páginas de la maravillosa novela de Herman Melville: Moby Dick. Intentaremos así explicar, como el lector se introduce en un universo con reglas propias que manifiesta la lucha entre el bien y el mal, entre lo terrenal y lo metafísico; y como esto se percibe en la recreación espacial de los ambientes.

Ismael se encuentra en la ciudad de Bedford antes de dirigirse hasta la isla de Nantucket, desde donde se embarcará en el Pequod, el ballenero capitaneado por Ahab. Mientras camina las calles de nueva Bedford, aparecen juegos de luz en las descripciones de la ciudad. Son percepciones instantáneas que surgen de un medio urbano: calles y casas.

Con pasos vacilantes recorrí las calles y pase frente a la insignia de ‘Los arpones cruzados’. Pero tenía un aire demasiado caro y alegre. Más adelante, desde las ventanas rojas brillantes de la ‘Posada del pez espada’ surgieron rayos tan cálidos que parecían haber derretido la nieve y el hielo amontonados frente a la casa, porque en cualquier otro lugar la escarcha formaba un pavimento duro, como de asfalto, de diez pulgadas de espesor.

Que calles tan tétricas! Bloque de oscuridad, en vez de casas, a cada lado; de cuando, una vela, como una luz en una tumba. Pero al fin llegué hasta una luz en una tumba. A esa hora de la noche, en el ultimo día de la semana , ese barrio estaba casi desierto. Pero al fin llegué hasta una luz humeante proyectada desde un edificio bajo y ancho, cuya puerta se abría acogedoramente.

El personaje pasa de estar en un ambiente urbano, a un medio cada vez más reducido: entra en la casa o la taberna que le va a dar posada.  Enseguida se traslada a una de sus salas; aquí se ubica una pintura en la que se concentran las descripciones. Aquí se ve representado un choque de fuerzas luminosas al que ya nos hemos enfrentado en los recorridos anteriores del personaje, y que manifiesta el como el personaje se va adentrando en un mundo metafísico, marítimo y obscuro.

Al entrar en esa posada, rematada por un tejado puntiagudo, se encontraba uno en un vestíbulo muy grande, de techo bajo, y forma irregular, con un friso de madera anticuado, que recordaba las amuradas de un viejo barco encallado. A un lado pendía un oleo inmenso, tan ahumado y cuarteado que, visto a esa luz difusa, solo después de un estudio muy atento, una serie de visitas sistemáticas y una cuidadosa indagación podía uno llegar a comprender vagamente su significado. Había masas de sombra y de oscuridad tan inexplicables que al principio podía pensarse que algún joven artista ambicioso, de los tiempos de las brujas de Nueva Inglaterra, se había embarcado en la empresa de representar el caos maldito. A fuerza de reiteradas y concienzudas contemplaciones, al cabo de meditaciones incesantemente repetidas -y sobre todo, gracias al recurso de abrir el ventanuco al fondo de vestíbulo-, llegaba uno a la conclusión de que, aunque absurda, tal idea no podía ser del todo injustificada. (…) De cuando en cuando, una idea luminosa, pero por desgracia ilusoria, atravesaba el cerebro del espectador: ‘Es el Mar Negro durante una tempestad nocturna’’. ‘’Es el combate antinatural de los cuatro elementos primordiales’’. ‘’Es una hoguera maldita’’…

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