Shade and Darkness - The Evening Before the Deluge, J.W.M. Turner
Moby Dick y el espacio
En este breve texto intentaremos analizar las descripciones del
espacio que se sitúan en las primeras páginas de la maravillosa novela de
Herman Melville: Moby Dick. Intentaremos así explicar, como el lector se introduce
en un universo con reglas propias que manifiesta la lucha entre el bien y el
mal, entre lo terrenal y lo metafísico; y como esto se percibe en la recreación
espacial de los ambientes.
Ismael se encuentra en la ciudad de Bedford antes de dirigirse
hasta la isla de Nantucket, desde donde se embarcará en el Pequod, el ballenero
capitaneado por Ahab. Mientras camina las calles de nueva Bedford, aparecen
juegos de luz en las descripciones de la ciudad. Son percepciones instantáneas
que surgen de un medio urbano: calles y casas.
Con pasos vacilantes recorrí
las calles y pase frente a la insignia de ‘Los arpones cruzados’. Pero tenía un
aire demasiado caro y alegre. Más adelante, desde las ventanas rojas brillantes
de la ‘Posada del pez espada’ surgieron rayos tan cálidos que parecían haber
derretido la nieve y el hielo amontonados frente a la casa, porque en cualquier
otro lugar la escarcha formaba un pavimento duro, como de asfalto, de diez pulgadas
de espesor.
Que calles tan tétricas!
Bloque de oscuridad, en vez de casas, a cada lado; de cuando, una vela, como
una luz en una tumba. Pero al fin llegué hasta una luz en una tumba. A esa hora
de la noche, en el ultimo día de la semana , ese barrio estaba casi desierto.
Pero al fin llegué hasta una luz humeante proyectada desde un edificio bajo y
ancho, cuya puerta se abría acogedoramente.
El personaje pasa de estar en un ambiente urbano, a un medio cada
vez más reducido: entra en la casa o la taberna que le va a dar posada. Enseguida se traslada a una de sus salas; aquí
se ubica una pintura en la que se concentran las descripciones. Aquí se ve
representado un choque de fuerzas luminosas al que ya nos hemos enfrentado en
los recorridos anteriores del personaje, y que manifiesta el como el personaje
se va adentrando en un mundo metafísico, marítimo y obscuro.
Al entrar en esa posada,
rematada por un tejado puntiagudo, se encontraba uno en un vestíbulo muy
grande, de techo bajo, y forma irregular, con un friso de madera anticuado, que
recordaba las amuradas de un viejo barco encallado. A un lado pendía un oleo
inmenso, tan ahumado y cuarteado que, visto a esa luz difusa, solo después de
un estudio muy atento, una serie de visitas sistemáticas y una cuidadosa
indagación podía uno llegar a comprender vagamente su significado. Había masas
de sombra y de oscuridad tan inexplicables que al principio podía pensarse que
algún joven artista ambicioso, de los tiempos de las brujas de Nueva
Inglaterra, se había embarcado en la empresa de representar el caos maldito. A
fuerza de reiteradas y concienzudas contemplaciones, al cabo de meditaciones incesantemente
repetidas -y sobre todo, gracias al recurso de abrir el ventanuco al fondo de
vestíbulo-, llegaba uno a la conclusión de que, aunque absurda, tal idea no
podía ser del todo injustificada. (…) De cuando en cuando, una idea luminosa,
pero por desgracia ilusoria, atravesaba el cerebro del espectador: ‘Es el Mar
Negro durante una tempestad nocturna’’. ‘’Es el combate antinatural de los
cuatro elementos primordiales’’. ‘’Es una hoguera maldita’’…

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